Tratamientos con hipnosis

La hipnosis se viene utilizando en psicoterapia desde hace muchos años. Se podría concebir como una herramienta muy útil para potenciar la eficacia de todo tipo de tratamientos, más que como una terapia en sí misma. Esto se debe a que la hipnosis es un estado mental que podemos alcanzar incluso de forma espontánea.

Existe un número muy amplio de problemas sobre los que se puede aplicar. Desde los trastornos afectivos, como la depresión, pasando por todo tipo de trastornos de ansiedad, adicciones, trastornos alimentarios, problemas de autoestima, de concentración, insomnio, problemas sexuales, etc.

Distintos enfoques y modelos en psicoterapia se han servido de esta técnica para aumentar la efectividad de los tratamientos. Esto es posible gracias a que, en estado hipnótico, conectamos con la parte más emocional (y subconsciente) de la persona.

Todo ello tiene sentido si pensamos que, prácticamente la totalidad de los trastornos mentales hunden sus raíces en nuestras emociones. Tanto en las obsesiones como en los miedos, los sujetos que los padecen suelen razonar de forma objetiva que sus atribuciones son exageradas e infundadas. A pesar de esto, no pueden dejar de ser esclavos de sus miedos u obsesiones.

¿Cómo funciona la hipnosis?

Básicamente, se trata de llevar a la persona a un estado mental concreto. Esto podemos hacerlo de diversas maneras. De forma tradicional o al menos en la hipnosis clásica, se induce un estado de relajación para después ir dando sugestiones que lleven al sujeto a profundizar en el estado hipnótico. La relajación actúa como un facilitador de la hipnosis. Existen innumerables recursos y formas de inducir relajación. Después, vamos dando mensajes o sugestiones dirigidas a sumir al sujeto en un estado cada vez más profundo, caracterizado porque el cerebro emite ondas de una determinada frecuencia. Esta fase, que llamamos de profundización, va seguida de la de estabilización, que tiene como objetivo mantener al sujeto en dicho estado.

Para la fase de profundización puede ser oportuna la conocida regresión de diez hasta uno, o bien hacerle descender por una escalera, por poner algunos ejemplos. Previamente hemos relajado al paciente sujeto de hipnosis, como expusimos, facilitando a la vez que se enfoque en determinados estímulos. Estos estímulos pueden ser tanto internos (sentir la respiración, los latidos, el peso de los brazos,…), como externos (sonidos presentes en la habitación, el movimiento de un péndulo, el compás de un metrónomo, etc.).

Para la fase de estabilización podríamos emplear distintos recursos, como la propia voz del hipnotizador, que haga que el sujeto permanezca en estado hipnótico por el simple hecho de escucharla.

Las sugestiones o mensajes que damos para ir llevando al sujeto al estado hipnótico, han de resultar agradables por regla general. De este modo, si le gusta la playa, podemos aprovechar las sensaciones relajantes de este escenario, como el sonido de las olas, el tacto de la arena o el calor de los rayos del sol. Siguiendo este ejemplo, podríamos llevar a cabo la estabilización “situándole” en una barca, junto a la orilla, mientras siente el agradable balanceo que producen las olas.

Si hemos procedido con éxito, el cerebro de la persona hipnotizada emitirá ondas de baja frecuencia, situadas entre los 3 y los 7 hercios. Este tipo de ondas también se conocen como ondas Theta y se asocian, además de con la hipnosis, con estados de meditación, sueño (fase REM) y también con un aumento del metabolismo en el hemisferio derecho. Este hemisferio parece tener una mayor implicación emocional que el izquierdo (al menos en personas diestras). También está más relacionado con la imaginación, la creatividad y, en general, con nuestro mundo subconsciente.

En estado hipnótico la parte más racional o consciente de la persona está en un segundo plano. Podría decirse que actúa en esos momentos como un mero espectador, más que como un director de escena. Esto facilita que la mente subconsciente esté más receptiva y permeable a cambios y nuevos aprendizajes.

La hipnosis puede ser terapéutica en sí misma, pues promueve una activación de la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo. Esto ocurre cuando estamos relajados o experimentamos emociones positivas. Indirectamente, también se ve reforzado nuestro sistema inmunológico. Por todo ello, practicar autohipnosis o meditación con cierta frecuencia, puede ser muy beneficioso para nuestro cuerpo y nuestra mente.

Pero volvamos a la capacidad de la hipnosis como herramienta potenciadora, a la que nos referíamos al principio. Una vez que el sujeto se encuentra en estado hipnótico, procederíamos con la fase terapéutica. En esta fase se introducen los recursos y estrategias que sean oportunos para trabajar un problema concreto.

En la hipnosis clínica se emplean a menudo las visualizaciones positivas. Estas consisten en que el sujeto se vea en la situación relacionada con el motivo de consulta tal y como desea verse y sentirse (por ejemplo, con seguridad ante una situación que la genera ansiedad o haciendo algo diferente cuando se trata de cambiar hábitos perjudiciales). También es habitual el uso de autosugestiones positivas o mensajes que la persona se repite a sí misma bajo el estado hipnótico. Estas autosugestiones pueden emplearse también para trabajar todo tipo de problemas.

¿Qué tipos de hipnosis existen?

Ya hemos hablado de la hipnosis clásica, que se basa en el uso de sugestiones directas para inducir un estado de trance más o menos profundo. Por el contrario, la hipnosis ericksoniana (creada por Milton H. Erickson), emplea el propio lenguaje del paciente para elaborar metáforas y facilitar que el subconsciente elabore sus propias soluciones. Este tipo de hipnosis no requiere de un trance profundo y es más efectiva con aquellos sujetos que responden mal a las sugestiones directas. También y a diferencia de la hipnosis clásica, la ericksoniana suele emplear un lenguaje enrevesado y confuso para inducir el estado deseado.

La autohipnosis sería un estado hipnótico que la persona se induce a sí misma, como en el caso de aquellos que practican meditación.

La hipnosis clínica no es un tipo de hipnosis en sí mismo, sino más bien una aplicación que se le da a este estado para trabajar problemas como depresión, ansiedad, fobias y etc. Lo mismo sucede con la hipnosis regresiva, que vamos a desarrollar a continuación con más detenimiento por la implicación terapéutica que presenta.

¿En qué consiste la hipnosis regresiva?

La hipnosis regresiva permite llevar a la persona a situaciones o experiencias pasadas que le hayan podido dejar una huella emocional (trauma). Dicha huella puede estar relacionada con el motivo de consulta actual (ansiedad, depresión, adicciones, etc.). Bajo el estado hipnótico, podemos “revivir” esas experiencias, pero desde una posición de seguridad que facilita que el paciente se acerque a las mismas desde otro punto de vista, más sano y adaptativo. Otras, podemos incluso facilitar que el sujeto ponga en práctica algún recurso o acción que en su día no aplicó, de tal forma que las cosas se desarrollen de forma diferente en su mente. Esto cambia también la percepción y el sentir asociado a aquella vivencia, que en su día causó un trauma o dejó una huella a nivel emocional.

 

¿Es segura la hipnosis?

Es totalmente segura, pues como hemos expuesto, se trata de un estado natural de nuestro cerebro. A veces entramos en hipnosis de forma espontánea si nos encontramos relajados y estamos realizando una actividad que requiere una concentración plena, como por ejemplo, leer un libro.

¿Quién no ha experimentado alguna vez una pérdida puntual de la noción del tiempo o del espacio? La sensación de que ha pasado mucho tiempo, cuando ha transcurrido muy poco y viceversa, o no recordar lo que hemos hecho hace un momento o como hemos llegado a un sitio. Todos estos ejemplos suelen estar producidos por disociaciones de la mente, que ponen de manifiesto que nos encontramos bajo estado hipnótico. Disociaciones más intensas pueden llevarnos a experimentar reacciones tan llamativas como la sensación de levitar o salirnos de nuestro propio cuerpo (viaje astral).

La hipnosis puede aplicarse a sujetos de cualquier edad, incluidos niños y adolescentes. Lógicamente, en el caso concreto de trabajar con niños bajo estado hipnótico, tendremos que adecuar las sugestiones y la forma de inducir hipnosis a la edad de los sujetos.

No es conveniente inducir hipnosis a personas con un diagnóstico de algún trastorno de la personalidad. Tampoco se debe aplicar cuando hablamos de sujetos con síntomas de tipo psicótico, como sucede en la esquizofrenia. Esto, obviamente, tiene que ver con la percepción distorsionada de la realidad que tienen a menudo las personas que padecen estos síntomas. Es por este motivo que está contraindicado sugestionarles con cosas que no está pasando, pues tienden a desligarse de la realidad ya de por sí, debido a la propia naturaleza del trastorno mental.

 

Mitos acerca de la hipnosis

No es cierta, en ningún caso, la creencia extendida de que la hipnosis deja al sujeto a merced del hipnotizador, como un ser carente de voluntad propia. La persona hipnotizada no va a hacer nada en contra de su voluntad, principios, gustos o deseos propios.

Tampoco es cierto que se corra el riesgo de dejar al sujeto en una especie de trance o estado catatónico, del cual ya no pueda salir. A este respecto, volver a señalar lo que ya hemos expuesto: se trata de un estado natural de la mente.

Los contenidos o recuerdos con los que se conecta bajo hipnosis tampoco tienen por qué ser necesariamente reales o haber sucedido. Esto incluye el “recuerdo” bajo estado hipnótico de situaciones de abuso o sucesos muy traumáticos.

Así mismo, tampoco es cierto que la hipnosis o hipnoterapia sea cien por cien efectiva y rápida. Como ya señalamos, se trata más bien de un recurso o herramienta de la que pueden servirse distintos tipos de terapias, más que de una terapia en sí misma. Como todo en esta vida, a menudo se nos presenta como algo rapidísimo en su efectividad e infalible.

No es cierto que sólo se beneficien de los aspectos positivos de la hipnosis sujetos altamente sugestionables o considerados “débiles de mente”.

Por último, la hipnosis no agrava la sintomatología de los sujetos ni puede provocar patologías que no existan previamente en la persona.

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